Giuseppe Camaleone

Giuseppe era matón de una mafia italiana. Harto de los oscuros negocios decidió dar rienda suelta a su pasión, la ilustración infantil. Para comenzar una nueva vida emigró a Chile, trayendo únicamente su maravilloso portafolio. Lamentablemente se equivocó de destino y tras presentarse sin suerte en numerosas editoriales, tuvo que regresar a su antiguo oficio. Luego de meter a Don Nicolás en la bolsa y entregarlo a su cliente, se encerró por 10 días a escribir e ilustrar un bello cuento: “¿Quién se robó a Santa?”. El cuento sería enviado a un concurso internacional y ganaría el millonario premio. Las Editoriales Chilenas se arrepentirían por el resto de sus días.

Breve Receso

Capitulo Treinta y Tres estará en receso hasta el lunes 30 de abril. Don Lorenzo sufrió un terrible desgarro lumbar trás acarrear la silla pascuera y lo estamos acompañando en su recuperación. Lamentablemente en el policlínico del barrio no hay internet.

Don Lorenzo


Tras la misteriosa desaparición de don Nicolás, don Lorenzo "El Reno", su socio y amigo de toda la vida, quedó completamente devastado. Don Lorenzo, llevó a la rastra la antigua silla de mimbre del viejito pascuero, por 50 años, haciendo sonar su campanilla y moviendo sus cuernos hechos de alambre y perros para la ropa. Enumerar las anécdotas que vivieron juntos sería un despropósito, pero cuentan, que hasta duendes tuvieron bajo sus órdenes. Don Lorenzo vio todo. Vio como a su socio lo metían en su propio saco y se lo llevaban en una camioneta. En su desolación prometió que, como homenaje a su amigo, seguiría arrastrando la silla vacía toda su vida.

El Viejito Pascuero

Don Nicolás lleva 77 años trabajando de Viejito Pascuero en orfanatos pobres. Lo suyo es pura filantropía, nunca ha cobrado un peso. Vive malamente de una escuálida jubilación que le alcanza para comer una vez al día y para comprarle pelets a Rodolfo, su gato. No puede comprar el diario, por lo que calca con papel carbón los puzzles de los ajenos. Don Nico, se ve obligado a vestir diariamente su traje rojo, es la única ropa que tiene. La barba es original, como lo es también el ponpón del gorro que agranda a diario con las pelusas que saca de su ombligo. Desde que llegó por el aire una carta a sus manos no hace más que intentar descifrarla con ilusión. Esta será la última carta que recibirá en su vida (y no era para él).

Morton, el cartero


La carta llegó sin problemas a Santiago de Chile y fue asignada a Morton, un cartero con vasta experiencia en el reparto de correspondencia. Morton, vivió desde joven en torno a las cartas. Su primer amor fue producto de una relación epistolar de 12 años que terminó al enterarse de que su bella enamorada era un convicto que escribía las cartas desde su celda para matar el tiempo. Tras esa desilución, trabajó como lingüista en una biblioteca, aportando con su saliva para cerrar sobres. Finalmente llegó a Correos de Chile y lleva 22 zuelas de zapatos trabjando ahí. Ese día, Morton salió a trabajar como siempre. Esperó que no estuviera Hulk, un perro callejero con especial apetito por los carteros. Pero Hulk lo esperaba tras un poste. En la carrera , la carta voló y no llegó a su destino.

La secretaria

Carol Ann es la menor de 16 hermanos por lo que siempre fue la encargada de los mandados, en especial de comprar el pan. Su espíritu servicial y su entrega a las ordenes ajenas la llevaron a estudiar secretariado bilingüe, llegándose a convertir en la mano derecha del doctor Flintoff. Carol se dio cuenta de que los papeles que habían dentro de los intestinos del paciente guardaban información sumamente valiosa y tras averiguar quien sería el experto en lenguas más respetado del mundo, puso los papeles en un sobre y corrió a enviarlos a el DOCTOR Ramón, un reconocido filólogo chileno que vivía en compañía de su mujer y de su hijo Ramoncito.

El misterioso doctor Flintoff


John Don fue bajado del avión con ayuda de las azafatas. Sus dolores estomacales no le permitían mantenerse en pie por sí solo. Apenas pisó el aeropuerto de La Guardia en New York, una misteriosa mujer se le acercó con una silla de ruedas y le entregó el folleto que aparce en la foto. Le comentó que representaba al doctor Flintoff, famoso internacionalmente por su desintoxicante intestinal Destapín forte. Le aseguró que era el único que podía ayudarlo. John, entre quejidos y sin pensarlo un segundo, acompañó a la mujer. Lo subieron a un auto que desapareció por East Elmhurst.
Hoy John Don está feliz. Descansa junto a sus ídolos Joplin, Hendrix y Morrison, y sin las cartas en su estómago.

John Don

John es norteamericano y un rockero de los de antes. Luego de años de excesos en los escenarios decidió recluirse para desintoxicarse. Escogió Xauén, un bello y plácido pueblo perdido en las montañas marroquíes. Lamentablemente, no se dio cuenta que llegaba al paraíso del kif, una hierba medicinal que le ofrecieron con amable insistencia los pueblerinos. Una noche, bajo los efectos curativos de la hierba, llegó a su pensión, con tal apetito, que se comió lo primero que encontró: una bolsa con algo adentro que apretaba fuertemente un marroquí mientras dormía. John tuvo que regresar antes de tiempo a EEUU por llevar demasiados días sin ir al baño.

Abdel


Abdel es hermano de Mohammed y vive en Marruecos. Está asustado. Cree que sus padres y su hermano enloquecieron y están metidos en algo malo. Cree que preparan un atentado en Sudamérica. Abdel, a escondidas de sus padres, sacó todas las cartas que su hermano les había envíado y las dispuso en el piso, ordenándolas según las fechas y tratando de buscar relaciones. Con un lápiz hizo una línea y unió las ciudades del mundo que aparecían mencionadas. Por otro lado, Abdel estaba seguro que Mohammed no sabía escribir música y no tenía la menor duda de que esas partituras para zambomba que aparecían en los bordes del papel también contenían mensajes encriptados. Abdel unió toda esta información y entró en una psicosis que lo llevó a huir de su casa llevándose las cartas. Abdel no duerme hace varios días.

El monaguillo

Mohammed es marroquí. Fue temporalmente apadrinado por Fray Teodoro mientras su familia encontraba trabajo. Lleva diez años esperando que vuelvan por él. Mohammed tiene contradicciones, por la noche sueña en árabe, con camellos , el Sahara y exóticos aromas en el aire. Por el día, cumple diversos roles en el monasterio: monaguillo, tocador de zambomba y cortador oficial de uñas de pies. Mohammed cree que la libreta celeste del Fray es la Biblia. Cada noche se la roba con respeto, y aunque todo le parece muy extraño, transcribe cada versículo en árabe y lo envía a sus padres en Marraquech para que se enteren de que va esta religión. Los padres están bastante consternados e invitan a los vecinos para leer con ansias cada carta que llega.
...CONFIRMADO: VOLVEMOS EL 12...
Atte. cap.33

Fray Teodoro


En el monasterio de San Xulián de Samos, algunos kilómetros antes de llegar a Compostela, quedan unos pocos monjes benedictinos que alegran sus días inventando lúgubres historias sobre la abadía, las que relatan por 10 euros a los turistas que van camino a la catedral de Santiago. Entre ellos está Fray Teodoro, un monje español muy reservado, quien, según sus compañeros de monasterio, quedó muy perturbado, hace algunos años, por la confesión que le hizo un peregrino. Cuentan que desde ese día Fray Teodoro ya no se pasea con la Biblia en sus manos sino que con un llamativo cuaderno, y que se sienta todo el día en los jardines esperando que, algún día, el peregrino regrese.

El talentoso Sr. Cuevas


El talentoso, es un delincuente chileno sumamente buscado por la policía. Se le conoce por su gran habilidad de disfrazarse con máscaras que él mismo hace con papel maché. Logró escapar de Chile tras su último atraco: la librería de Hazán. Al parecer, encontró en ella algo tan perturbador que decidió dejar el crimen armado y partir también a la peregrinación de Santiago. Su intención es llegar el mismo día del milagroso jubileo, donde por ley divina se absolverán todos sus pecados y podrá comenzar una nueva vida de fe. Nadie sabe que encontró el Sr. Cuevas en la librería, pero desde ese día es un hombre gris y sólo ha cruzado palabra con Ramiro para que cargue su equipaje.
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